domingo, 13 de septiembre de 2009

Sueño en Palermo



El humo de un cigarrillo me hacía naufragar entre el mareo, la vigilia y el sueño. Yo estaba sentado frente a la casa de un tío que murió hace algunos años en Palermo. Llegó un niño se sentó en el andén, intuí que cargaba un arma y que iba a sacarla, en efecto se levantó la camiseta le disparo primero a un niño que estaba cerca, luego cuando me miró y vi en sus ojos que también me iba a disparar arranqué a correr, me hizo 5 o 6 disparos, corrí y lograba escaparme de la ruta de los proyectiles, podía ver la curva que hacían en el aire los proyectiles. Doblé la esquina y me asomé me para ver si aún seguía el disparador sentado allí, lo estaba. Me subí a un taxi chevrolet spark, era de noche, me acomode en el asiento trasero, justo detrás del conductor,
- Buenas noches me lleva por favor al polideportivo
- Si señor
Estaba muy oscuro y no veía el interior del taxi, no me recosté sobre el espaldar, sino que adelante mi cabeza, sentí mis labios tocando no el tapizado de un asiento sino tocando piel, retraje y me incorporé, recosté mi cuerpo y en la oscuridad ataba cabos: el asiento del señor no tenía espaldar y él no vestía camiseta y sobresalían varías verrugas en su piel. Alguno de esos lunares los rocé con mis labios un minuto antes. El señor era de tez morena, y parecía sentado en una canoa. Había reacomodado el asiento, si tenía espaldar pero lo había reacomdado.los pies los tenía levantados y apoyados en el espaldar hacía adelante, luego sus nalgas las apoyaba en un pedacito de silla y parte de su espalda quedaba descubierta. Observé por la ventana los huecos y la falta de pavimento en la vía.
- Que carretera tan mala
- Si
Un carro azul spark se atravesó en la calle y estacionó de cara al taxi bloqueándonos el paso. Era una señora joven de tez blanca, parece que se le olvido algo de su casa y llevada del afán no reparo que nos había cerrado la ruta
- Oiga Ud., no se da cuenta que llevamos la ruta, vieja loca, le dije
La señora no me volteó a mirar, mejor dicho en su ángulo de visión estaba yo pero no se detuvo para una respuesta ni lanzó un gesto.
El conductor le dio la vuelta al carro y continuamos mi ruta de escape.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Tom Ford debuta en el cine: A simple man


Tom Ford al lado de Giorgio Armani, Karl Lagerfield, Yves Saint Laurent o John Galliano, pasarán a la historia como grandes diseñadores de la moda, a la vez que Iconos gay de una cultura que rinde devoción al diseño, la imagen y lo efímero. Ford quizo rebasar sus límites y ahora debuta como productor de la cinta: a simple Man, película que hace parte de la 66 Muestra Internacional de arte cinematográfico, evento que se cierra hoy 12 de septiembre con la premiacion a los mejores films en sus categorías.

Nacido en Austin, Texas, un 27 de agosto de 1961 (48 primaveras y pareciera de 30, la magia del dinero). Graduado de la escuela de diseño Parsons en 1986, fue reclutado por Dawn Mello, director creativo de la casa Gucci, para pasar más tarde a ser Director Jefe de la marca. En 1999 continuaría dando de qué hablar cuando según analistas del medio fue el quien sacó el imperio de la bancarrota, ahora Gucci era un negocio avaluado en 4300 MM de dolares. Pasaría luego a integrar parte de la casa YSL, casa que fue absorbida por Gucci, su nuevo cargo: Director creativo de marca. En el 2004 dejó ambos puestos, ahora Tom Ford ya era un nombre en el mundillo de las pasarelas internacionales, consolidando así su propio sello, vinieron portadas en Vanity Fair, fotos desnudo en revistas para el colectivo gay, reportajes con Suzy Menkes para el International Herald Tribune y su nombre ya era impreso en diarios a lado y lado del globo, consecuencia de ser una figura en extremo mediatica.


Fuera del closet hace mucho tiempo, Ford asegura estar casado con su amante gay Richard Buckley (1948-), con quien comparte desde hace casi dos décadas y quien fuera editor en jefe de la revista Vogue Hommes International hasta el 4 de febrero del 2005. Una pareja singular para cualquiera que los viera, pues parecen padre e hijo, sumado a esto lo difícil que debe ser para Tom navegar en medio de mareas de modelos y aspirantes y sobrevivir al encanto de la belleza y la juventud. La edad, el paso del tiempo, uno de los lugares comunes en las relaciones gay, el eterno demonio que encontramos día a día en el espejo. Con el tiempo llegan las perdidas, la metamorfosis en el "matrimonio" y las crisis de sentido cuando se ve que ya no es a corto sino a largo plazo. Y es precisamente una de esas temáticas y otras las que se ven reflejadas en la opera prima de Ford: A single man, vea el trailer. Amanecerá y veremos si la cinta es premiada, o al menos queda entre las favoritas por el jurado, integrado entre otros por Ang Lee, director de Brokeback Mountain.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Sueño en sephia


“Te amaba y por eso removí con mis manos aquellas mareas de hombres y tracé con estrellas mi voluntad en el cielo”.


Lawrence de Arabia a Dahoum, un joven beduino.


Soñé con unos paisajes nunca antes vistos. Estaba visitando una hacienda que era un proyecto ecológico y comunal. Teníamos de guía a una mujer muy amable que nos contaba la historia de la finca y nos resaltaba de tanto en tanto los aspectos que ella creía relevantes, a los que yo agregaba mentalmente ciertas miradas. No paraba de llover ese día. Aquí algunos recuerdos, esto lo escribo 15 minutos luego de despertarme pues no recordé inmediatamente al abrir los ojos en la mañana, fue sólo ahora, que alcance a ver el tren de los sueños despidiéndose.


En uno de los parajes de la finca había que atravesar una puerta de arena, yo escale la puerta que era de unos 10 metros de alto. Traté de llegar hasta lo alto y sacaba más y más arena abriendo un hueco para vencerla, pero si yo sacaba un puñado de arena, veía venir un bulto, así que veía luz del otro lado pero también la arena deslizándose como un reloj de arena. Luego todos mis compañeros ya vencidos al ver que no lograba nada me dijeron que me bajara y no siguiera, no les hice caso y seguí intentándolo, hasta que vi que era imposible, ya no tenía de donde sostener mis pies que estaban apoyados en huecos de arena de la puerta, caí resbalado. Caí y ya no vi a ningún compañero de la expedición, habían seguido por una puerta contigua donde no tenían que escalar hasta arriba como yo había hecho en la puerta de arena, sino que habían corrido un cerrojo desde abajo y se había desplegado de par en par: no hubo ni un grano de arena por ningún lado. Las instrucciones en forma de acertijo estaban escritas en Inglés, hacía mención de un “bank”, era un aviso a la altura de mis ojos, escrito sobre una lamina de acrílico transparente. Las letras estaban en rojo mayúscula sostenida. Pasé por donde todos habían cruzado, sorprendido de lo que acababa de suceder, me esforcé de manera innecesaria y había una salida diferente con una estrategia que no se me hubiera ocurrido fácilmente.


Alcance el grupo, seguía lloviendo, recordé ese día varias veces mi sombrilla del Banco, me la regalo un Gerente territorial. Estaría allí recostada contra mi escritorio en la oficina y yo aquí aguantando el goteo frío y empantanador. ¿Por qué no la traje? Era una ocasión para usarla. Mis compañeros seguían la marcha, algunos con sombrilla, me rezague del grupo quedándome sólo, alejado de todos.


Ahora atravesábamos un pasaje hermosísimo, iluminado por una luz ocre, Oh Dios, no pensé que existiera en la realidad: era la luz sephia alumbrándolo todo, no existían los colores amarillo o verde o ninguno de la paleta que acostumbramos ver. Ver la tierra fue lo que más me sorprendió, un ocre vivo, mi piel brillaba naranja oscuro, las paredes de la hacienda en su bahareque conseguían el enfoque perfecto para cualquier fotógrafo. Me acordé de la cámara digital que compre hace un tiempo y lamenté no haberla llevado conmigo, así como hace unos minutos lo hice con la sombrilla. Luz maravillosa, las sombras de los arboles se entrecruzaban sembrando el camino de marcas, las ramas bajas en sepia tocaban mi cara y era la prueba de que existía, la clorofila no corría por las hojas, todo ardía en sepia en sus diferente matices, brillante.


No sabía que se corría una maratón voluntaria ese día en la hacienda, con “voluntario” quiero decir algo nunca visto entre nosotros podía ocurrir allí, valga decir que esto ya parece “Yo, en el país de las maravillas”. Hubo un momento en que estaba caminando despacio por un sendero, y empecé a escuchar arengas, era Yo el centro de atención, todos me miraban y me animaban a seguir en la carrera, estaba en la ruta de la maratón y la gente pensaba que yo era un atleta, no pronuncié palabra pero les dí a entender que no estaba en competencia, no hubo lenguaje, pero el que tenía que comprender que estaba en la maratón era yo, tenía el derecho a seguir corriendo, me decían, “no importa”, repito no había lenguaje articulado en palabras, está bien, pensé. Allí estaba mi amigo Antonio animándome también, el conoce mi historia pensé, y si él me anima entonces seguro debo correr, aseguro que hasta ese momento me dí cuenta de que tenía tenis, no había reparado hasta entonces si tenía o que marca eran, de pronto ví que vestía ropa deportiva y unos tenis precisamente no de atletas, pero eficientes, pues respondían bien al asfalto de la pista: gane, llegué primero o último o segundo, el hecho es que cuando llegué me sentí culpable porque seguramente otros atletas hubieran empezado desde el inicio del trayecto y no como yo que caí de improviso en la pista y sencillamente corrí. No llego ningún atleta luego de mí, todos me celebraban el primer lugar y mi voluntad de correr al ritmo de sus aplausos. Me sentí bien, flotando en las felicitaciones de los desconocidos.


Pasamos por una caseta vieja, era el lugar donde se dispensaba orientación religiosa. En la comuna vivían muchos vecinos y era natural que hubiera diferentes credos, en efecto había distintas mesas dispuestas como en una cafetería (no es casual la metáfora) y sobre ellas unos leads en papel que indicaban que debían sentarse los que fueran: cristianos aquí, católicos allá, mormones, en otra, musulmanes allí, y así…. Vi dos personas sentadas en espera de que llegara el líder de su mesa. Este lugar lo ví cuando iniciamos la expedición, sólo que no reparé bien en el interior, ahora estoy pasando nuevamente y tomo nota de cómo funciona. Una señora sale del interior de la caseta lo que me induce a pensar que entablara dialogo con una de esas personas que esperan en las mesas, ¿qué culto rezará?


La última imagen del sueño la tengo cuando le estaba pagando $20.000 a la persona que desde la ciudad me condujo hasta la hacienda. El era un vendedor de dulces que se aparcaba con su carrito surtido de caramelos, yo llegué en la mañana bien temprano, le indique que necesitaba llegar, el me señalo la ruta, además dejó su carro atado a un hidrante de bomberos, lo que me sorprendió porque no guardo la mercancía solo la cubrió con un plástico, cuando regresamos de la hacienda aun era de mañana, yo en la hacienda vi amanecer, el medio día y anochecer, llegamos en el mismo día y en la mañana como si no hubiera transcurrido el día. El señor me cobró, no sabía cómo calcular el pago por el favor, finalmente y ante uno de mis billetes que había sacado de la billetera ripostó en un tono de voz seguro y cansado:


- $20.000, lo que vale un día de trabajo.